Jacobo Pedrosa Pedrosa

Nacido en 1947, Jacobo Pedrosa Pedrosa es licenciado en Ciencias Físicas, en la especialidad de Electrónica, por la Universidad Complutense de Madrid.


Tras un breve paso por el Hospital Clínico durante su último año de carrera, desarrolló su vida profesional en la industria del automóvil, donde cultivó una mirada analítica y una sensibilidad especial por la precisión y la estructura.


A lo largo de los años, su interés por la mente, la conciencia y el sentido de la existencia lo llevó a adentrarse, de forma autodidacta, en el estudio de la neurociencia, la filosofía y las tradiciones espirituales. Más que un investigador académico, se considera un curioso de la realidad, convencido de que el conocimiento no pertenece únicamente a los laboratorios, sino también a la experiencia interior y al diálogo entre disciplinas.


Este libro nace de esa búsqueda paciente y apasionada: un intento de comprender la unidad profunda entre materia y conciencia, entre lo visible y lo invisible.

Este libro no intenta decidir si los relatos espirituales son hechos históricos o símbolos del alma. Parte de otra pregunta: ¿por qué miles de personas, en distintas épocas y culturas, viven experiencias que interpretan como divinas o trascendentes?


Para responderla, el autor recorre tres grandes caminos:


La filosofía griega, desde Homero hasta Aristóteles y los estoicos, donde nacen las ideas de alma, razón, virtud, memoria y destino.

La reinterpretación cristiana, desde Pablo de Tarso hasta los primeros teólogos, que integraron la herencia helénica con la esperanza judía para formular los conceptos de resurrección y vida eterna.

La mirada moderna, en la que la neurociencia, la biología y la física revelan nuevas perspectivas sobre la conciencia, la mente y los límites entre la vida y la muerte.

A lo largo de sus páginas, ciencia, filosofía y espiritualidad se entrelazan para explorar una misma intuición: que la mente humana no es una isla, sino una forma en la que el universo se reconoce a sí mismo. Así, lo eterno no pertenece solo al interior de la conciencia ni está únicamente fuera de nosotros: se manifiesta en la relación entre ambos, en el pulso compartido de la vida y del cosmos. Comprender el alma, entonces, no significa resolver su misterio, sino aprender a vivir dentro de él.


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